Se cierran etapas; aparecen nuevas. La vida renace solo para volver a morir, como ayer. Los nuevos preceptos que reemplazan a los viejos, perecen como aquellos. Todo empieza a tener un desenlace, pero se vuelve aun mas intrincado que el comienzo.
Una manera sencilla de ver la vida a la luz de mis ojos. No te prometo un viaje espiritual, solo un recorrido diferente de la rutina.
Se cierran etapas; aparecen nuevas. La vida renace solo para volver a morir, como ayer. Los nuevos preceptos que reemplazan a los viejos, perecen como aquellos. Todo empieza a tener un desenlace, pero se vuelve aun mas intrincado que el comienzo.
Las mañanas eternas ya tienen para mi el brillo hediondo de una moneda vieja. Rasposo, triste y repetitivo. Todo es sucesivo, pero igual. La inconstancia del cambio en que me encuentro, me lleva a inventar nuevas sensaciones, pero todas riman con aburrimiento.
Con los brazos ya descubiertos comenzo a deslizar el filo del cuchillo sobre toda la piel. El frio de la hoja lograba conmover su sistema nervioso y erectaba los vellos casi cobrizos. El vaiven de la punta filosa comenzaba a marcar surcos en su muñeca derecha y el extasis se convertia en escalofrios que circulaban por su columna vertebral. El coqueteo se tornaba morboso, un poco molesto pero con la vehemencia del que se sabe insano. El crucifijo todavia cogaba de su cuello cuando de un golpe lo arranco y cayo a unos metros, cerca de donde la rendija de la ventana dejaba pasar algo de la luz de la luna. El tiempo comenzo a ceñirse y las gotas de sudor empezaban a caer ritmicamente sobre su torso desnudo. El cuchillo empezo a hacer presion sobre sus venas exaltadas y cuando parecia rasgar la piel, se detuvo. Sonrio. Y avento el cuchillo bajo la cama. Asi fue que se sintio inmortal. Asi fue como por primera vez pudo vencer a la muerte. Aunque sabia que algun dia habria de perder, tambien sabia que con eso, apenas estarian a mano. Al fin durmio, sin importarle si a la mañana siguiente volvia su destino a cobrarle revancha. Durmio. Sabiendose eterno. Sabiendose Dios.
En los cobrizos anaqueles que te abrazan cobijo sueños, aventuras, viajes, heroes y fechas. Albergo, entre algún que otro ensayo, el valor de la palabra, la semantica y las tapas de cuero. Alli construyo fantasías, que luego desaparecen; las figuro en mi mente, como un sueño epico o un romance prohibido. Las historias sin nombre, eternas, descansan en tu prosa a veces cuidadosa, a veces ladina, segun quien haya puesto la rúbrica. Los fantasmas y las leyendas son tan reales como el lector que las recrea. Eres como te describieron, algo parecido al paraiso.
El virus comienza a hacerse sentir; las fuerzas caen. Los brazos cansados de tanto luchar, pero pierden. Llevan la fecha de muerte en sus hombros, a cada paso; imaginan el cómo, y desean el cuándo. Es el veneno mas pequeño... el mas letal. Y siempre es un accidente... Es demasiado castigo a veces para un error; es desigual la vara del destino que se encarga de estas cosas.